El senado envía a Pompeyo con un "imperium extraordinarium"
En el 77 a. C. la situación en Hispania obligó al senado romano a enviar a un general que estuviera a la altura de las circunstancias. Había varios frentes que atender y ambos cónsules declinaron el riesgo y la responsabilidad. Al final se aceptó la propuesta del anciano presidente del senado, L. Marcio Filipo, de enviar como procónsul o pro consulibus a Pompeyo con un imperium extraordinarium. Pompeyo no había cumplido aún los 30 años y ya tenía tras de sí una carrera brillante como general, todo ello gracias a su fortuna y a la tupida red de clientelas de su familia. En los turbulentos días de las luchas entre populares y optimates, ofreció un ejército privado a Sila y mereció el título de imperator. Recibió el triunfo en Roma, infringiendo la constitución, ya que su edad no le hubiera permitido investir ni siquiera la primera magistratura del cursus honorum. Muerto Sila, el senado tuvo que recurrir a él para frenar a Lépido. Y, solucionado este problema, cuando Pompeyo estaba a punto de licenciar su ejército, el senado tuvo que recurrir a él rompiendo de nuevo la constitución entregándole un imperium extraordinarium, lo que indica la situación de bancarrota e impotencia en que se encontraba el gobierno de Roma.
Pompeyo, tras pacificar la Narbonense, cruza los Pirineos
Pompeyo ni siquiera se acercó a Roma para agradecer al senado su confianza. En cuarenta días puso en pie de guerra a 40.000 infantes y 1.000 jinetes. Cruzó los Alpes antes del invierno, pero no pudo llegar a Hispania hasta finales de año porque se dedicó primero a pacificar la Narbonense. Una vez logrado este objetivo, dejó al mando al propretor M. Fonteyo, y cruzó los Pirineos. Se ganó a las tribus costeras de indigetes y lacetanos y, quizá en Ampurias, estableció sus cuarteles de invierno.
Sertorio intenta evitar que se unan los ejércitos de Metelo y de Pompeyo
En el 76 a. C. Sertorio, dadas las ingentes fuerzas concentradas contra él, pensó que su único aliado era el tiempo. Debía ser una guerra de desgaste, dificultar el aprovisionamiento por parte de las poblaciones aliadas y evitar que se unieran los ejércitos de Metelo y Pompeyo
creando varios frentes. Por ello, a comienzos del 76 a. C., envió a Perpenna, con las fuerzas que trajo de Cerdeña, al territorio entre el Ebro y el Turia para evitar que Pompeyo cruzase el Ebro. Un segundo ejército al mando de Herennio cubriría su retaguardia. E Hirtuleyo debía mantener a Metelo ocupado y evitar que se uniera a las tropas de Pompeyo.
A comienzos de la primavera, Sertorio partió de su campamento de invierno en Castra Aelia, guarneció el Ebro meridinal y pasó luego a Graccurris [junto a Alfaro], Calagurris [Calahorra] y Vareia [Varea, junto a Logroño]. Pretendía abastecerse del trigo necesario para la lucha que se avecinaba. Envió a M. Mario con este encargo a las tribus de los pelendones y arévacos, y a Insteyo, al país de los vacceos. Los dos debían encontrarse con los hombres y alimentos conseguidos en Contrebia Leucade, en el país de los berones.