Sertorio suscribe un pacto con el rey del Ponto, Mitrídates
Sertorio, a la desesperada, suscribió un pacto con el rey del Ponto, Mitrídates.
Reconocía su hegemonía sobre toda el Asia Menor y envió a su lugarteniente M. Mario con algunas fuerzas al servicio del rey, mientras éste se obligaba a ayudarle en su guerra con 3.000 talentos y 40 navíos de guerra que anclaron en Dianum.
Pompeyo piensa en una rápida solución y solicita dinero al senado romano
Pompeyo pensó en una rápida solución, evitar una guerra de desgaste. Por ello envió una carta al senado exigiendo envío de dinero, provisiones y refuerzos. Su insolencia le lleva a decir que se encuentra en la miseria, que ha gastado toda su fortuna personal y que, si la situación no cambia, está dispuesto a lanzar su ejército contra Italia. Surtió efecto y Pompeyo pudo contar con la ayuda deseada.
Pompeyo hostiga a Sertorio en el valle del Duero y Metelo en el valle del Jalón
En el 74 a. C. las operaciones se trasladaron desde la costa de Levante al interior de la Península. Pompeyo tenía claro que para acabar con Sertorio era necesario atacar su centro de aprovisionamiento y de hombres. En la primavera de este año iba a intentar dar el golpe final. Disponía de un ejército descansado, reforzado con el envío de dos legiones que duplicaban sus fuerzas, así como con el ejército de Metelo, que invernó también en el norte. Lanzaría el ataque contra las ciudades enemigas de Celtiberia por dos puntos: él actuaría en el oeste, en el valle del Duero, en tierras de los vacceos; y Metelo, por el este, a lo largo del valle del Jalón. Realizarían continuos asedios de los puntos claves del adversario, destruirían sus campos, el desgaste continuo hasta hacer defeccionar a sus aliados.
Ante la llegada de un nuevo invierno Pompeyo se retira a la Galia y Metelo a la Ulterior
Pompeyo sitió Pallantia, capital de los vacceos, pero hubo de levantar el asedio. Luego atacó Cauca, otra importante ciudad vaccea, y logró tomarla. Por su parte, Metelo conquistó Bílbilis, Segóbriga y otros pequeños puntos de la Celtiberia oriental. Antes de acabar la campaña de este año, Pompeyo y Metelo unieron sus fuerzas para atacar Calagurris. Sertorio en persona defendió el sitio, causó 3.000 bajas a Pompeyo y Metelo y estos tuvieron que retirarse a sus cuarteles de invierno. Pompeyo a la Galia y Metelo a su provincia Ulterior, donde fue recibido apoteósicamente.
Aparecen las primeras defecciones en el bando sertoriano
En el 73 a. C. la época de la euforia había pasado para los sertorianos. La subsistencia pura y simple, parapetados tras las murallas de núcleos indígenas y forzados a la convivencia con gentes extrañas, hizo que muchos romanos pensaran en el camino del perdón. Aumentaron las defecciones romanas en el bando sertoriano. Metelo puso un precio desorbitado a la cabeza de Sertorio. Este año se siguió con la estrategia del año anterior. Pompeyo actuó solo. Metelo aún tenía algunos problemas en su provincia Ulterior, Perpenna alcanzó Cale, cerca de Oporto, y llegó en su expedición hasta el río Limia.
Sertorio abandona la Meseta y se hace fuerte en el valle del Ebro
Pompeyo se dedicó a terminar con los focos de resistencia en Celtiberia de oeste a este, hasta la costa. A lo largo del año fueron cayendo, por conquista o defección, los principales puntos fuertes de la Celtiberia, excepto unos pocos que aún continuaron a la desesperada, incluso tras la muerte de Sertorio. Éste abandonó la meseta y se hizo fuerte en el valle del Ebro. Sólo pudo contar con las ciudades de Ilerda, Osca y Calagurris. Pompeyo ordenó a M. Antonio Cretico llevar a cabo operaciones de limpieza en las costa del Mediterráneo occidental por tierra y por mar contra los piratas. Con esta campaña, las pocas plazas que quedaban fieles a Sertorio en el levante, Tarraco y Denium, quedaron neutralizadas. No pudo llegarle la ayuda de Mitrídates.
Sertorio es asesinado en Osca
Al acabar el año, todos los frentes de Sertorio se habían desmoronado. Se dirigió a Osca y una vasta conspiración de sus más cercanos colaboradores puso fin a su vida en el curso de un banquete. Algunas fuentes hacen responsable a Perpenna. Este intentó unir bajo su mando los heterogéneos contingentes que en otro tiempo había sido la fuerza de Sertorio, pero le faltaba su carisma personal. Pompeyo no tuvo ningún problema en derrotarlo en un enfrentamiento campal y hacerle prisionero. Perpenna fue ejecutado y los restos del ejército vencido se acogieron a la clemencia del vencedor.